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El grito desesperado que nadie escuchó

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Narrativas/Moises Uribe

Tres65news/2 de noviembre de 2025

Crónica de una muerte anunciada, así debería identificarse la tragedia ocurrida a Carlos Manzo, siendo un episodio más del México violento que constata la fragilidad de una sociedad que puede ser violentada a cualquier hora y en cualquier lugar.

Para esta violencia no hay puerta de salvación, pero si de salida hacia la muerte cuando alguien así lo ha decidido y ordenado, sabiendo que las sombras de la complicidad o de la incapacidad de un gobierno lo protegen.

Hoy, Uruapan está de luto, al igual que una gran parte del pueblo de México, aunque en realidad debería ser todo el país sin excepción el que esté dolido, no solo por el crimen de Carlos Manzo, sino por todos los asesinatos, secuestros y desapariciones que ocurren todos los días en todo el territorio.

El asesinato del alcalde de Uruapan deja además al descubierto que, en el México de hoy cualquier voz, por más que clame ayuda, no será escuchada ni protegida por las autoridades.

Por el contrario, ese tipo de voces dejan a la deriva a quien la profesa y a merced de cualquier criminal que decide acallarlas para siempre, sin que haya un ente capaz de brindar protección, cuidado o salvación.

Todo el país fue y es testigo de los innumerables gritos desesperados que Carlos Manzo lanzó a las autoridades más altas del país, y todo el país fue y es testigo que jamás fueron atendidos esos gritos de súplica que buscaban seguridad.

“Por supuesto que tengo miedo y temo por mi vida”, repetía Carlos Manzo, pero nadie, ni la presidenta Claudia Sheinbaum, ni el secretario Omar García Harfuch, ni el gobernador de Michoacán Alfredo Ramírez, ni los titulares de la Guardia Nacional, Marina o Sedena atendieron la voz que imploraba apoyo para evitar su muerte.

Sabía del peligro que corría, del barril de pólvora donde caminaba, pero nada lo frenaba y por eso anhelaba un apoyo gubernamental que nunca llegó.

El crimen a un alcalde más de México es otra muestra clara de lo desprotegida que está la sociedad, y que la indolencia es la fría cara que los gobiernos muestran ante cualquier tragedia del tamaño que sea.

¿Qué si hay responsabilidad de gobierno? Por supuesto, porque desde el momento que Manzo fue ignorado en su solicitud de apoyo y después desprotegido al retirar los elementos enviados, se sabía del peligro que corría.

Hoy, la muerte anunciada se adelantó y Uruapan se ha quedado sin alcalde; Michoacán sin una figura que muchos ya encaminaban a la gubernatura, incluso en otras mediciones para la presidencia, porque ya enarbolaba una causa que hoy millones ven perdida como es la seguridad, lastimosamente ya no habrá más Carlos Manzo, ya fue silenciado y con él se muere la esperanza que a miles ya ilusionaba.